viernes, 23 de octubre de 2015

Los árboles

Había un pueblo árbol.
No estaba en colgado del cinturón del ecuador, ni en los trópicos lluviosos y calientes.
Era un pueblo sub tropical.
Era un pueblo de inmigrantes pobres.
Ellos habían plantado las casas y los árboles y los hijos, todos al mismo tiempo, porque hijos y casas y árboles todos echan raíces al mismo tiempo y nos dan techo y amparo.
Había un pueblo árbol y año a año era más árbol, más pueblo, más amparo.
Pero un día la gente enloqueció y empezó a talar los árboles.
Eran demasiado grandes, decían.
Demasiado robustos, decían.
Demasiado molestos, decían.
El problema, creo yo, es que eran demasiado hermosos y habían estado durante años ocultando todo lo de pobre y pequeño que tenía el pueblo.
La gente se había olvidado del tiempo sin árboles que habían vivido sus propios ancestros.
La gente se había olvidado de los vientos terribles y de los techos miserables.
La gente se había vuelto soberbia.
Por eso la gente se enloqueció y empezó a talar los árboles.
La gente dejó a la vista sus casas pobres, sus casas ricas, sus casas altas, sus casas bajas.
La gente dejó sin sombra sus veredas.
La gente dejó sin sombrilla su cielo de verano y una lluvia de herbicidas cayó sobre los viejos, sobre los niños, sobre las mujeres de brazos desnudos, sobre todo.
El pueblo quedó expuesto, desnudo, a pleno sol.  El asfalto se quebró como una galletita al horno, y la chapa de los techos se desperezó y quebró las paredes.
Llegó el invierno.  Una lluvia inclemente llovió y llovió y el pueblo sin árboles quedó apoyado sobre una enorme esponja hecha de barro.
Las casas asentadas sobre el suelo blando se inclinaron suavemente.
Y después la tierra volvió a secarse.
La gente se olvidó de los árboles, se olvidó de la sombra, se olvidó del suave abanico de las hojas.
El pueblo árbol se volvió pueblo árido.
Todos se olvidaron del verde.  Olvidaron todo.
Los jóvenes nacieron y los viejos no pudieron hablarles de los árboles porque habían olvidado.  Siempre se olvidan las culpas para poder vivir nomás.
Y se fue el pueblo árbol.  Se fue.
Ahora es pueblo árido.  Un lugar más en un mundo de casitas tristes a pleno sol.